Los padres ocupan un papel muy importante en el fomento de la autoestima de sus hijos. Un niño seguro del amor de sus padres, que es confortado, en lo que se le habla y escucha, aprende que es una persona que cuenta, que importa. Sobre este sentimiento se asientan las bases de la seguridad en sí mismo que tendrá en el futuro, de su capacidad para enfrentarse a los retos de la vida y para establecer relaciones satisfactorias con los otros. Para fomentar la autoestima de sus hijos, los padres pueden:
Elogiar las consecuciones del niño.
Darle la oportunidad de mostrar sus habilidades y capacidades con frecuencia, para que pueda desarrollarlas y afirmarlas.
Hacer que se sienta útil, dándole responsabilidades y dejando que participe en las tareas de la casa y en la dinámica familiar.
Animar especialmente su esfuerzo para que aprenda que el trabajo, en sí mismo, es más importante que sus resultados.
Estar atento a las necesidades que manifieste a través de sus acciones. Darle apoyo para que pueda expresarlas y satisfacerlas de forma positiva. Ayudarle a conseguir objetivos realistas y que puedan ser acorto plazo.
Cuando se le deba reñir, hacerlo refiriéndose, de forma específica, en la acción que se desaprueba, sin emitir juicios de valor sobre su persona en general. No es lo mismo decir, por ejemplo, "Estoy enfadado porque has tirado toda el agua por el suelo", que decir "Eres un desastre" o "Eres uno torpe". Hay que acompañar la crítica señalando, a su vez, las cosas que ha hecho bien.
Escuchar muy y muy activamente al niño e invitarle a hablar. Al llegar a la adolescencia, no obstante, habrá que estar especialmente abiertos al diálogo, pero se tiene que procurar que éste no sea vivido por el joven como un "interrogatorio".