EL CASTIGO
Normalmente, cuando un niño se comporta incorrectamente, los padres (o educadores) utilizan el castigo (hacer que el niño sufra consecuencias desagradables por su conducta) con la intención de eliminar este comportamiento que consideran negativo. El castigo puede ser:
a) Agresión física (bofetada, querencia de orejas...)
b) Agresión verbal (crítica, insulto...)
c) Prohibición de una cosa agradable (no ver la T.V., no ir en bicicleta...) y
d ) Retirada de un premio (no darle su asignación semanal, no darle un postre especial...).
En ciertas ocasiones sucede que, esto que nosotros clasificamos como desagradable, no lo es para el niño. Por ejemplo: el profesor expulsa de clase a un alumno que molesta mucho con la intención de castigarlo para que no repita más este comportamiento, y el niño aprovecha la expulsión por ir a jugar o hacer diabluras libremente. En este caso es muy probable que en la próxima clase el niño (y alguno más) vuelva a hacer lo mismo para ser expulso. Son situaciones que en lugar de castigar premian al niño.
El castigo posee unos efectos atractivos pero engañosos: los rápidos efectos sobre la conducta del niño. La realidad es que estos efectos son de corta duración (no perduran). Por otro lado, el castigo tiene unos efectos secundarios nada deseables, tanto para el niño como por el adulto: ansiedad, miedo, ira... Si en estas situaciones se repiten expresiones cómo: "eres malo", "todo lo rompes", "eres desobediente", etc.. el niño aprenderá a asociarlas con el castigo y por sí mismas provocarán las mismas emociones angustiosas, con sentimientos de culpa y ansiedad. Si el castigo es frecuente el niño se vuelve rebelde y vengativo. Si se castiga al niño cuando está realizando alguna actividad (física, académica o social) aumentará su ansiedad, empeorando su rendimiento, cometiendo más errores y dificultando los aprendizajes. Este es el caso del chico al que se castiga por cometer errores en sus deberes escolares, consiguiendo que haga más equivocaciones. Con todo esto se consigue que el niño aumente el número de conductas de evitación de estas situaciones con excusas, invenciones, mentiras...
El adulto, actuando de este modo, ofrece al niño un modelo de comportamiento a imitar, puesto que observa que con la agresividad se obtiene aquello que se desea, aprendiendo a hacer eso mismo en diferentes situaciones por satisfacer sus deseos. Delante de este panorama los presento un método más eficaz y ventajoso que el castigo: la extinción de los comportamientos negativos. Si a un comportamiento no deseable no le sigue ninguna consecuencia (ni positiva ni negativa) este irá disminuyendo hasta desaparecer. Para eliminar la conducta debemos dejar de reforzarla, sin prestar ninguna atención, ni razonamiento, ni cachetes o advertencias, etc.... puesto que con todo esto estamos dando atención social (principal refuerzo infantil). Un ejemplo claro de esto lo tenemos en el niño que llora, grita, etc.., hasta que se le compra o mujer aquello que pide, o se le mujer la atención que quiere, y son precisamente estos premios los que mantienen la conducta
Es fundamental, para el éxito de la extinción, el hecho de actuar consecuentemente, es decir : actuar siempre igual cada vez que aparezca el comportamiento, incorrecto, si no es así no conseguiremos nuestro objetivo. Debemos tener presente que los comportamientos que queramos eliminar han sido reforzados durante bastante tiempos, por esto tardarán en desaparecer más o menos tiempo, en función de cómo los tenga aprendidos (nunca de manera repentina). Podemos acelerar o mejorar este proceso creando conductas incompatibles con el comportamiento problemático. Por ejemplo: Si la madre hace los trabajos de casa y el niño llora intentado captar su atención y recibir sus mimos, hemos de enseñarle a hacer un rompecabezas, a escuchar un disco infantil, a hacer pequeños trabajos que ayuden a la madre etc., reforzando con atención y afecto estas nuevas conductas, y así, los reforzamientos que dábamos al comportamiento negativo los daremos a los comportamientos positivos. Las ventajas de este método son numerosas: los efectos son duraderos, sin enfrentamientos violentos ni desagradables (con sus consecuencias que perjudican la relación afectiva).
Joan Egea, psicólogo clínico.
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