“SU HIJO NO ES TONTO... NO ESTUDIA PORQUE NO QUIERE"
Esta expresión tan frecuente la manifiestan muchos profesores cuando el niño tiene un rendimiento escolar inferior a su capacidad intelectual. Por muchas amenazas de castigo o promesas de premios, la situación no cambia e, incluso, empeora. Padres y profesores se sorprenden de la falta de esfuerzo y de la ineficacia de los "sermones" que le "llueven" al niño. Los pares se preocupan y se angustian ante la posibilidad de que el hijo fracase en los estudios, lanzando por la ventana la futura realización laboral y social que, desde hace tanto de tiempo, desean para él. Por mucho que se le exija y se le presione, tan sólo aumenta su ansiedad y sus conflictos internos y relacionales (con la familia, profesores...) disminuyendo todavía más el rendimiento académico. ¿Qué está sucediendo con la inclinación natural del niño a aprender y a crecer?. ¿Qué funciona mal?. Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo físico y psíquico, que no se debe forzar pero sí favorecer y alentar. Si lo forzamos aumentará la ansiedad ante la situación, cosa que le resultará difícil de soportar, bajando el rendimiento escolar. No se debe confundir interés con presión, pero que algunos padres, con muy buena voluntad pero con un exceso de celo, aumentan el control y la vigilancia sobre los estudios del hijo, consiguiendo que el niño es sienta "asfixiado" y sin ganas de atender sus deberes escolares. Se debe encontrar el punto de equilibrio, interesarse por él y por sus resultados en la escuela, respetando el ritmo personal, estimulándolo para que utilice correctamente todas sus capacidades, y potenciando la confianza y seguridad en él mismo. El calificarlo de "tonto", "corto", "dejado", "irresponsable", etc. no lo estimula a trabajar más, al contrario, lo "reafirma” en la situación haciendo que llegue a autoclasificarse como tal, y..."si soy así ,¿para qué esforzarme?". ¿Sabemos realmente qué está sucediendo?. Es triste conformarse con una definición tan "etérea" y difusa como "tonto", "vago", "no pone interés"... Nos ayudaría mucho más saber si el niño está deprimido, o tiene poca autoestima y se cree “tontito” y que cualquier esfuerzo será inútil, o tolera tan poco la frustración y el fracaso que se decepciona cuando no consigue aquello que desea, o es tan competitivo que no se conforma con aprobar o ser uno más del curso, retirándose antes de tiempo si el éxito no está asegurado, o sufre un estado de celos y envidia por no ser tan brillante como su hermano, etc, etc... cualquiera de estas razones puede aumentar su angustia y disminuir su motivación, rehusando aprender. El profundizar más sobre los problemas y conseguir establecer las causas nos sitúa en condiciones de intentar poner remedio. La falta de motivación y la falta de autoconfianza son claves, puesto que producen una aversión al estudio al percibirlo como algo desagradable. Es necesario que el niño consiga un grado de madurez adecuado que le permita tolerar un nivel razonable de frustración y ansiedad que el estudio provoca por sí mismo, y no por esto disminuir su rendimiento. La primera causa de fracaso escolar se debe buscar en el mismo estudio: ¡no saber estudiar!: inseguridad, falta de método y ritmo de trabajo, incapacidad por sintetizar o por concentrase y dificultad por expresar las ideas claves especialmente en los exámenes orales. En ocasiones, por mucho interés y aptitudes que tenga el niño, éstas se ven anuladas por una mala técnica de estudio. Los alumnos que mejores calificaciones obtienen no son los que más tiempo dedican al estudio, sino los que lo emplean con más eficacia. Los elementos que facilitan el aprendizaje son: la motivación , la concentración , la actitud, la organización , la comprensión de lo que se estudia, y la repetición : aquello trabajado se aprende más rápido y es más duradero. Una buena técnica de estudio permite obtener los mejores calificaciones estudiando lo menos posible.
Juan Egea, psicólogo clínico.
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