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TABAQUISMO

Cuando se importaron a Europa, después del descubrimiento de América, las hojas de la planta “nicotiana tabacum”, nadie podía imaginar la incidencia social que llegarían a tener. El uso de esta planta estableció un hábito social que ha variado a lo largo del tiempo debido a intereses y creencias de las diferentes sociedades: en determinados lugares lo prohibieron y en otros la emplearon, incluso, como remedio para enfermedades respiratorias.
En la actualidad, este hábito está muy extendido, y la mayoría de fumadores se inician durante la adolescencia, posiblemente por razones como: afirmación de independencia, aparecer como un adulto, ser igual que los amigos, curiosidad, deseo de nuevas experiencias, presión de grupo, aburrimiento, etc.
El tabaquismo sigue el mismo proceso que cualquier otra adicción: lo que empieza como una ¡¡elección “libre”!! se convierte, con la repetición, en un ¡¡hábito de conducta!!, el cual, pronto produce ¡¡dependencia!!, tanto a nivel psicosocial, como a nivel psicofisiológico. La dependencia psicosocial se establece cuando el acto de fumar queda asociado a situaciones cotidianas como: comer, tomar café, conducir, leer, relajarse, concentrarse, etc. La dependencia psicofisiológica aparece cuando el aporte regular de nicotina produce una inmediata sensación de satisfacción y su carencia origina, en pocas horas, un síndrome de abstinencia: nerviosismo, malhumor, agresividad o irritabilidad, insomnio, sequedad de boca, modificaciones del hambre, etc.
A pesar de crear dependencia y tener consecuencias nefastas para la salud, socialmente no se considera como una drogodependencia, al no existir aparentes alteraciones del carácter y del comportamiento social (dejaremos de lado los intereses económicos...)
Está claro que, el ser consciente de los efectos negativos del tabaco no es suficiente, casi nunca, para que una persona que intenta dejar el hábito lo consiga (debido a la fuerte dependencia), pero si que puede motivar a muchos a intentarlo. Por eso, estaré satisfecho si consigo “aterrorizar” (motivar) suficientemente como para que se haga el primer paso. El éxito posterior dependerá de diferentes factores, pero lo más importante es querer desprenderse de él.
Las enfermedades y trastornos más importante relacionados total o parcialmente con el tabaco son: cáncer de pulmón, laringe, cavidad bucal, esófago, páncreas, vejiga y riñones, bronquitis crónica, enfisema, parada cardíaca, enfermedades arteriales de las piernas, enfermedades coronarias y demencia vascular. Los problemas más graves debidos al ¡¡alquitrán!!, que afecta básicamente al aparato respiratorio y puede producir o predisponer a la aparición de cáncer. El ¡¡monóxido de carbono!! y otras ¡¡sustancias irritantes!! favorecen las enfermedades pulmonares crónicas (enfisema, bronquitis crónica, etc.) y las enfermedades cardiovasculares (infarto, hipertensión, angina de pecho, etc.) siendo, éstas últimas, la principal causa de muerte debida al tabaco. Destacar que la asociación del tabaco y la píldora anticonceptiva aumenta el riesgo de sufrir enfermedades coronarias e hipertensión. Por otro lado, el número de cigarros fumados está inversamente relacionado con el peso del neonato, el cual, tiene más predisposición a sufrir lesiones pulmonares al estar todavía en formación y desarrollo.


Como curiosidad, deberían saber que, si la nicotina (sustancia utilizada como insecticida) contenida en un solo cigarrillo llegase al cerebro, causaría inmediatamente la muerte. Afortunadamente, existe la “barrera hematoencefálica” que envuelve al cerebro y lo protege de cosas como estas.

¿Y qué decir del famoso fumador pasivo?. A pesar de su deseo de no fumar, ha de respirar el humo producido por los fumadores próximos. Como media, después de pasar una hora en un local donde se esté fumando, puede llegar a inspirar el equivalente al consumo de entre uno y tres cigarros (influye el número de fumadores, el tamaño y la ventilación del local, etc.).


Los hijos de padres fumadores tienen más riesgo de contraer infecciones respiratorias (neumonías, sinusitis, bronquitis, catarros y otitis crónica) que los hijos de padres no fumadores. Pero, ya que el feto de una madre fumadora puede verse afectado en su crecimiento normal u tiene más probabilidades de parto prematuro, complicaciones durante el parto o muerte postnatal.


Como podemos ver, el tabaquismo nos implica a todos, y de manera destacable, a aquellas personas que pueden servir de ejemplo con su conducta (fundamentalmente profesores, médicos y padres) ya que lo niños toman como modelo a imitar a personas relevantes, para él, de su entorno. Si ven que sus padres y profesores (incluso¡ su médico!) fuman continuamente, lo llegan a considerar como una acción normal y corriente, y positiva, incorporándola, en cuanto pueden, a su repertorio de conductas.


Pero, ¿tienen alguna esperanza los fumadores?. Sí, siempre que se conviertan en ex-fumadores: un año después disminuye considerablemente el riesgo de crisis cardíaca, después de dos años, el de cáncer de pulmón, y pasados dies años se consigue la misma perspectiva de vida que una persona que nunca haya fumado.


Muchas personas no saben que la mayoría de los tan temidos síntomas del síndrome de abstinencia del tabaquismo desaparencen durante el primer mes sin fumar, son menos intensos y más controlables de los que se imagina y, aunque por diferentes razones, se puede aumentar el peso, este aumento no es más que de 2’3 Kg de media.
No existe ningún método milagroso para dejar de fumar, ninguno tiene el 100% de éxitos. De forma general, unos son más efectivos que otros, pero a unas personas le dará mejores resultados un método y a otras personas otro. A unos afortunados les será suficiente con la fuerza de voluntad, sin ninguna técnica o producto concreto, y otros deberán recurrir a unos procedimientos y/o productos de la amplia gama que ofrece el mercado.


Indudablemente, como en tantas otras cosas, los mejores resultados se obtienen combinando varias técnicas. Éstas pueden incidir directamente sobre el hábito (control de conducta, etc.), sobre las consecuencias del intento de dejarlo (nerviosismo, aumento de peso, etc.), o sobre ambas cosas a la vez. La mayoría de ¡¡productos!! que están presentes en el mercado son: cigarrillos sin tabaco, alteradores del gusto, comprimidos, boquillas y filtros, chicles y parches de nicotina, y medicamentos homeopáticos. En cuanto a ¡¡métodos!! anti-tabaco: ordenadores, acupuntura, hipnosis, “plan de cinco días” y diferentes psicoterapias. La mayoría de productos y métodos obtienen unos resultados nulos o muy pobres, sobre todo a medio y largo plazo. Los resultados más satisfactorios se obtienen con el “plan cinco días” (terapia de grupo) y otras psicoterapias, combinándolas, en aquellos casos de fuerte dependencia a la nicotina, con chicles y parches de nicotina (pero eso puede ser peligroso si el sujeto no deja totalmente de fumar, ya que puede tener problemas cardíacos por sobredosis de nicotina).
Para aquellas personas de voluntad de hierro, que quieren intentar por ellas mismas el abandono del hábito (insisto en que han de tener una actitud firme y decidida que no dé concesiones al tabaco), les daré unas recomendaciones que pueden ayudarles:

1. No piense que deberá estar toda la vida sin fumar. Concéntrese tan solo en el día presente.
2. Evite tentaciones. Mantenga tabaco, encendedores, cerillas y ceniceros lejos de usted.
3. Evite tanto como pueda el contacto con fumadores.
4. No ceda nunca. ¡¡Ni tan solo por un solo cigarrillo!!

 

Si consigue el objetivo obtendrá muchos beneficios:

 Respirará más fácilmente y se sentirá más ágil.
 Mejorará su estado general y su aspecto físico.
 Podrá practicar deportes con mayor facilidad y rendimiento
 Respetará el derecho al aire puro de los que le rodean.
 Será un ejemplo positivo para su familia.
 Tendrá la satisfacción de haber recuperado una parte de su “libertad” que hasta ahora dependía del tabaco.

A menudo sonrío ante algunos argumentos que exponen muchos fumadores, como el de los abuelos centenarios que fuman ¡veinte cigarros diarios, y sin filtro!, o el de algún hombre “sano” que a los cuarenta y cinco años, y sin haber fumando nunca, muere de un infarto. Es bien cierto que no fumar no es ninguna garantía de buena salud, pero el fumar proporciona muchos más “números” de un sorteo, en el cual, los premios son múltiples y graves enfermedades.

Juan Egea, psicólogo.

 

© Copyright 2007 - 2010 Joan Egea · piscólogo clínico · col.7214  ·  Tf. 644 21 76 12 · joanegea@hotmail.es
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